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Tuesday, 17 February 2026
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Moscú Acusa a Occidente de Orquestar el Golpe de Estado de 2014 en Ucrania: Crecientes Implicaciones Geopolíticas

Dmitry Peskov reitera la narrativa del Kremlin, mientras el

Moscú Acusa a Occidente de Orquestar el Golpe de Estado de 2014 en Ucrania: Crecientes Implicaciones Geopolíticas
7DAYES
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Internacional - Agencia de Noticias Ekhbary

Moscú Acusa a Occidente de Orquestar el Golpe de Estado de 2014 en Ucrania: Crecientes Implicaciones Geopolíticas

ROMA – Las tensiones geopolíticas entre Rusia y Occidente continúan intensificándose, alimentadas por declaraciones que reafirman posiciones históricas y exacerban el clima diplomático. En una reciente entrevista con la agencia Tass, el portavoz presidencial ruso Dmitry Peskov declaró categóricamente que el “sangriento golpe de Estado” que ocurrió en Ucrania en 2014 fue una operación “orquestada por Occidente”, enfatizando la importancia de no olvidar este supuesto papel. Esta afirmación no es nueva en la retórica del Kremlin, pero su reiteración en un momento de alta criticidad internacional sirve para fortalecer una narrativa que Moscú considera fundamental para justificar sus acciones en la región.

Peskov elaboró aún más, especificando la participación directa de varias potencias occidentales: “Después de 2014, todo cambió. Los acontecimientos en Europa, en Europa del Este, en Ucrania – añadió – La organización de un golpe de Estado violento y sangriento en Ucrania por parte de los países occidentales con la participación directa de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania: todos participaron en la organización de este golpe de Estado y debemos recordarlo.” Esta acusación tiene como objetivo deslegitimar la revolución de Maidán, que llevó a la caída del presidente prorruso Viktor Yanukóvich, presentándola no como un levantamiento popular, sino como una injerencia externa destinada a desestabilizar la esfera de influencia rusa.

La perspectiva rusa ve los eventos de 2014, incluida la anexión de Crimea y el comienzo del conflicto en el Donbás, como consecuencias directas de este supuesto golpe de estado orquestado. Para Moscú, la revolución de Maidán representa un punto de inflexión que socavó la seguridad regional y justificó las posteriores reacciones rusas, incluido el apoyo a los separatistas en el este de Ucrania y la intervención militar más reciente. Esta interpretación choca frontalmente con la visión occidental, que considera Maidán una expresión legítima de la voluntad del pueblo ucraniano de acercarse a Europa y alejarse de la influencia rusa, y la anexión de Crimea como una violación flagrante del derecho internacional.

Complicando aún más el panorama diplomático, el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Mijaíl Galuzin, también reveló, en una entrevista con Tass, que Moscú ha endurecido su posición negociadora. Esta decisión se tomó tras el ataque de Kiev a la residencia del presidente ruso Vladimir Putin y se comunicó a los participantes en las recientes conversaciones en Abu Dabi. Galuzin observó: “En cuanto a los cambios en la posición negociadora, solo puedo confirmar que existen. Preferiría no hacer públicos los detalles. Solo señalaré que nuestra postura más dura fue comunicada a los participantes de la reunión del 4 y 5 de febrero en Abu Dabi del grupo de trabajo sobre cuestiones de seguridad en el formato Rusia-EE. UU.-Ucrania.”

El ataque al Kremlin, que Moscú atribuyó a Ucrania y calificó de “acto terrorista”, evidentemente tuvo un impacto significativo en la estrategia negociadora de Rusia. Aunque Kiev negó cualquier implicación, el incidente proporcionó al Kremlin un pretexto adicional para endurecer sus demandas y reducir la flexibilidad diplomática. La confirmación de esta “postura más dura” durante una reunión que incluye a representantes rusos, estadounidenses y ucranianos en Abu Dabi es particularmente relevante, ya que indica que el diálogo, por difícil que sea, continúa, pero sobre bases cada vez más complejas y menos conciliadoras.

Estas declaraciones conjuntas de Peskov y Galuzin pintan un cuadro de una Rusia decidida a mantener su narrativa histórica y a proyectar fuerza en la mesa de negociaciones. La insistencia en el papel occidental en 2014 sirve para reforzar la idea de una “guerra por poderes” y para justificar la necesidad de “desnazificar” y “desmilitarizar” Ucrania, según la visión de Moscú. Al mismo tiempo, el endurecimiento de las condiciones para las negociaciones señala que Rusia no tiene la intención de ceder terreno fácilmente y que cualquier futura solución diplomática requerirá concesiones significativas por parte de los otros actores involucrados. La complejidad de estas posiciones hace que el camino hacia una resolución pacífica del conflicto ucraniano sea aún más arduo e incierto.

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