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Monday, 16 February 2026
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Los Osos No Hibernan Realmente: La Ciencia Detrás de su Supervivencia Invernal

Un análisis científico del estado de torpor en los osos, dis

Los Osos No Hibernan Realmente: La Ciencia Detrás de su Supervivencia Invernal
7dayes
4 days ago
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Estados Unidos - Agencia de Noticias Ekhbary

El Mito de la Hibernación de los Osos: Comprendiendo el Torpor y sus Promesas Médicas

La imagen de un oso durmiendo plácidamente durante los duros meses de invierno está profundamente arraigada en nuestra conciencia colectiva. A menudo representado como el epítome del animal en hibernación, acurrucado en su guarida, esta percepción, aunque reconfortante, no se alinea del todo con la realidad científica. Los osos, de hecho, no experimentan una hibernación verdadera en el mismo sentido profundo que los mamíferos más pequeños como las ardillas, los murciélagos o los zorrillos. En cambio, entran en un estado fisiológico distinto conocido como torpor, una notable adaptación que les permite sobrevivir a períodos de escasez y frío con mecanismos biológicos únicos.

La hibernación verdadera (hibernation) es una forma extrema de supresión metabólica. Durante la hibernación, la temperatura corporal de un animal desciende drásticamente, acercándose a las temperaturas ambientales. La frecuencia cardíaca se ralentiza a una fracción de su ritmo normal, y la respiración se vuelve superficial e infrecuente. Esta radical estrategia de conservación de energía es crucial para la supervivencia cuando el alimento escasea y mantener el calor corporal es un desafío constante. Animales como la ardilla terrestre ártica son un ejemplo perfecto, reduciendo su temperatura corporal a unos gélidos 27 grados Fahrenheit (aproximadamente -3°C) y su frecuencia cardíaca a solo cuatro latidos por minuto.

Sin embargo, los osos emplean una estrategia diferente, aunque relacionada. Cuando el rigor del invierno aumenta y las fuentes de alimento disminuyen, especialmente para especies omnívoras como los osos pardos y negros que dependen en gran medida de la vegetación, entran en un estado de torpor. Este estado se caracteriza por una reducción significativa de la tasa metabólica, la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, pero no es tan extremo como la hibernación verdadera. A diferencia de los animales en hibernación profunda, los osos en torpor no experimentan caídas de temperatura tan drásticas y permanecen capaces de despertarse y moverse, una diferencia crucial que les permite dar a luz y cuidar a sus crías durante este período.

La Ciencia del Torpor: Un Tipo Diferente de Sueño Invernal

El torpor es un estado involuntario, desencadenado principalmente por señales ambientales como la escasez de alimentos, en lugar de una retirada voluntaria del invierno. Mientras que la hibernación puede considerarse una estrategia proactiva contra los cambios estacionales, el torpor es una respuesta fisiológica directa a la escasez de recursos. Este estado también se observa en otros mamíferos e incluso en algunas aves, pero la versión del oso está particularmente bien estudiada.

Una diferencia clave reside en los parámetros fisiológicos. Durante el torpor, la frecuencia cardíaca de un oso grizzly puede disminuir aproximadamente un 77%, pasando de unos 84 latidos por minuto a unos 19. Su temperatura corporal también desciende, pero típicamente solo entre 8 y 12 grados Fahrenheit (aproximadamente 4-6°C), muy lejos de la drástica caída experimentada por los roedores en hibernación. Además, el torpor es un estado continuo de bajo gasto energético, desprovisto de los despertares periódicos (arousals) que experimentan los animales en hibernación. Se cree que estos despertares en hibernadores verdaderos son importantes para la función inmunológica y el mantenimiento celular.

Los osos dependen de sus considerables reservas de grasa, que pueden constituir hasta el 30% de su peso corporal, para alimentar sus necesidades metabólicas durante el torpor. A diferencia de algunos hibernadores que almacenan alimentos, los osos metabolizan esta grasa almacenada. Durante este estado, sus funciones digestivas y excretoras cesan efectivamente, conservando aún más energía.

Factores Dietéticos y Variaciones entre Especies

La prevalencia del torpor en los osos está estrechamente ligada a su dieta. Los osos omnívoros, como los osos pardos y negros, que consumen cantidades significativas de vegetación (hasta el 80-90% de su dieta en algunas áreas interiores), son más propensos al torpor cuando la materia vegetal se vuelve inaccesible en invierno. Los osos que viven en climas más cálidos con acceso a alimentos durante todo el año, como el oso sol del sudeste asiático o el oso de anteojos sudamericano, normalmente no entran en torpor.

Incluso dentro de las especies conocidas por el torpor, existen variaciones. Los osos pardos y negros del norte de Alaska, donde los inviernos son largos y duros, pueden permanecer en torpor hasta siete meses, mientras que los de las regiones del sur más cálidas pueden experimentarlo solo durante dos meses. Los osos en cautiverio, a los que se les proporciona alimento constante, a menudo evitan el torpor por completo, lo que a veces puede provocar obesidad debido a la falta de gasto energético.

Los osos polares, a pesar de su hábitat ártico, permanecen en su mayoría activos durante todo el año. Como carnívoros estrictos, su principal fuente de alimento, la carne, está disponible durante el invierno, lo que les permite cazar durante todo el año. Sin embargo, las osas polares preñadas entran en un estado de letargo, similar al torpor, para dar a luz y proteger a sus crías.

Los osos panda gigantes, aunque dependen en gran medida de las plantas, no entran en torpor. El bajo contenido calórico del bambú los obliga a comer constantemente, lo que les impide acumular suficientes reservas de grasa para un período de torpor prolongado. En cambio, migran a altitudes más bajas cuando hace frío.

Torpor: Un Tesoro para la Investigación Médica

Las notables adaptaciones fisiológicas de los osos durante el torpor ofrecen un potencial significativo para los avances médicos. Los científicos están investigando activamente cómo los osos logran aumentar de peso, soportar meses de inactividad y ayuno, y emerger sin pérdida muscular significativa ni complicaciones para la salud. Este conocimiento podría conducir a terapias revolucionarias para los humanos.

Por ejemplo, la comprensión de los mecanismos que previenen la atrofia muscular y la formación de coágulos sanguíneos en osos en torpor podría revolucionar el tratamiento de pacientes postrados en cama, astronautas y personas con riesgo de trombosis venosa profunda. Un estudio de 2011 destacó que el corazón de un oso sufre cambios complejos durante el torpor para prevenir complicaciones por la actividad reducida. La investigación también sugiere que el torpor altera los ritmos circadianos del oso y suprime naturalmente las proteínas que promueven la coagulación.

Estas ideas podrían allanar el camino para tratamientos que mejoren la vida de los pacientes hospitalizados, faciliten la recuperación de lesiones y ayuden a las personas con horarios de trabajo irregulares a gestionar mejor sus ciclos de sueño-vigilia. Las aplicaciones potenciales son vastas, y un investigador comparó el estudio de las proteínas sanguíneas de los osos con una "navaja suiza" por su diversa aplicabilidad.

En conclusión, mientras que la imagen del oso hibernando puede ser una simplificación, la realidad del torpor es un testimonio del ingenio de la naturaleza. Al desvelar los secretos del torpor de los osos, la ciencia no solo profundiza nuestra comprensión del reino animal, sino que también abre nuevas vías para mejorar la salud y el bienestar humanos.

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